Crítica del videojuego The company of myself
The company of myself
Vida a través de plataformas
El videojuego de Eli Piilonen The company of myself, un viaje en tono de falsa autobiografía que nos lleva a sentir y vivir tal y como lo hace el personaje principal. Es muy curioso, el cómo trata la soledad y hace reflexionar acerca de las ventajas, desventajas y razones que hay trás ellas.
Lo primero que vemos es un personaje vestido en traje de chaqueta con un sombrero de copa que se encuentra interno en lo que parece ser un bosque, donde los cuadrados verdes indican las salidas o puertas a los distintos niveles del minijuego. Esta vestimenta es más que intencionada ya que cobrará sentido a medida que va avanzando el juego, y significará un reflejo del luto que él mismo lleva en su forma de vivir tras la muerte de una persona a la que él amaba.
La aventura empieza con una historia que el propio protagonista nos cuenta acerca de su escasa sociabilidad y porqué se debe que la tenga. A medida que va avanzando el juego conseguimos desdoblar a nuestro propio personaje principal para conseguir esquivar todos los obstáculos a través de nuestros propios medios sin ayuda de ningun amigo o persona cercana. Esta multiplicidad del protagonista se da a través de sus propias sombras que repiten aquello que hizo en el pasado, ya sean errores, o aciertos. Para conseguir sobrepasarnos a todas aquellas barreras que su propia soledad crea, nos serviremos de estos errores para levantarnos y seguir adelante.
El momento más dulce del juego llegará cuando el narrador nos cuente que una vez él también estuvo enamorado y era social, facilitándose notablemente el juego con la ayuda de otro personaje. Tramo que llegará a su fin cuando nosotros mismos tengamos que sacrificar la vida de ella para seguir adelante en nuestro camino.
Al final del juego, descubriremos de manos de la propia psiquiatra que le atiende, que el propio enamorado fue la persona que acabó con la vida de su amada y vive en una eterna soledad dentro del hospital en el que está interno porque no puede asumir que la asesinó; recordando solamente que él una vez amó y desde entonces nunca más se volverá a abrir con el resto de la sociedad. Esta segunda voz indica que fue encontrado rodeado de flores y enterrando a su propia mujer después de asesinarla. Un pequeño guiño que podemos encontrar en los elementos del propio juego y, en contraste con estas múltiples flores que aparecen, podríamos decir que él podría compararse con una flor marchita, ya que por lo que parece no volverá a abrirse jamás.
Es muy interesante el acercamiento que hace sobre la soledad, replanteando al propio jugador hasta qué punto ser independiente, socialmente hablando, ha de ser malo y cómo puede servir para saber cómo ayudarse uno mismo cuando siente que lo necesita. Sin embargo, el juego no trata solo sobre la soledad, además trata sobre la vida. Puede parecer una oda a todos los sentimientos de amor que alguna vez el propio autor del juego pudo sentir, haciéndonos pensar en qué momento de la vida estamos y cómo queremos seguir nuestro propio camino, si queremos dejar al margen a alguna persona o preferimos no poder pasar de nivel de nuestro juego y disfrutar de la ayuda y convivencia que nos puede dar nuestra media naranja. Este canto al amor y a la vida, a la vez es también un canto a la muerte. A la muerte de sentimientos, a la muerte del propio yo que se desdobla repitiendo solo errores del pasado porque yace perdido para seguir con un futuro que le parece roto. Es más fácil olvidar a veces, que asumir que aquello que más te ha podido doler en la vida ha sido por tu culpa, y tú mismo, que eras la única persona que podía haberlo arreglado, no te supiste arreglar ni a ti mismo.
En un momento del juego hay una metáfora preciosa que no merece ser olvidada. Hay dos niveles exactamente iguales: uno en el que la sombra ha de pasar por encima del original para poder llegar a la salida, y otro totalmente inverso, el original debe ayudarse de la sombra y ser guiado hasta el final. Este increíble reto no es más que un bonito resumen de la amistad. A veces, no podemos conseguir nuestros objetivos si no es con la ayuda de nuestros seres queridos, y, nuestro personaje principal lo sabe tan bien, que desdobla su personalidad para poder ayudarse a sí mismo. En lo que parece un ejemplo de cómo por nosotros mismos podemos arreglar nuestras complicaciones, se puede apreciar realmente, un bonito cuento de la amistad.
Para acabar, me gustaría resaltar como estas sombras podrían también parecerse a un desdoblamiento de personalidad, el cual pudo ser el motivo del asesinato a su pareja por parte de nuestro acompañante en el juego. Diferentes personalidades reflejadas en todas y cada una de las sombras que, a la vez de recordar aquello que hizo mal, le acompañan aún en el presente para que nunca olvide, aunque parezca que lo hiciera, aquello que un día le hicieron cometer. Tal y como la enfermedad lo haría en la realidad dentro del centro psiquiátrico.
Visto así, el juego parece mucho más profundo de lo que puede parecer a simple vista y la música ayuda a imaginarte todo este mundo que nos es presentado. Al fin y al cabo, todas las personas cometemos errores de los que nos arrepentimos e intentamos olvidarlo. Al igual que, todos y cada uno de nosotros, nos hemos sentido solos en alguna ocasión. Pero más importante que todo eso, el poder creador y autodestructor del amor que lo puede cambiar todo y, al mismo tiempo, borrar cada una de las palabras de nuestra historia autobiográfica. Incluso crear la magia necesaria para poder vivir esta obligada vida solitaria en la que todo se olvida y donde, al final, todos somos olvidados.
Bibliografía
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Vera Poseck, B. (2006). ¡El asesino era yo! o el trastorno de identidad disociativo en el cine. Revista de Medicina y Cine. Ediciones Universidad de Salamanca.

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