La nada, un vacío y el cajón desastre.
Ese momento en el que no te encuentras ni a ti mismo. Dudas hasta de tu personalidad. ¿Quién soy, dónde estoy? ¿Dónde están todos? Y te das cuenta, que ya no observas la lluvia desde la ventana, que ya no haces las cosas porque las sientes. Las críticas constructivas se quedaron donde el antiguo yo reciclaba sentimientos. La máquina de estudiar está pidiendo a gritos un cambio de aceite, y sin embargo, bebe agua para olvidar lo que con el alcohol recuerda. Qué sonrisa más bonita podría tener, si solo por un instante pudiera ser la felicidad personificada que un día fui.

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