Un latido más
Esto es una habladuría más de mi impotencia, que ante no poder cambiar su querer amar, se desahoga en unas humildes palabras que gritan que les quieran.
Últimamente ando buscando pequeñas esperanzas, que destacan como amplificadores los latidos de mi corazón; que no me extraña, porque ya conozco todos los truquillos que trae el diablo del amor. O diablesa, porque igual se puede llamar María, ya que como una droga me ataca diciendo encuentra y consúmeme.
El destino, o mi final, me espera indiferente mientras yo ando sin sentido, sin destino y sin objetivo. Lo sucedido no se puede comparar a algo humano, es mucho más que un sentimiento, digamos que es la telaraña de los dioses para controlarnos, que igual te alcanza o igual no.
Mi sueño, de existir, a querer ser eliminado; pues ya ni le quieren en sus vidas. Rumorean que ojalá ni existiera o quizás que se hubiera mantenido inalterable desde la cuna, pues se dejó vivir y acabo matando.
Al final conseguirá unas gracias, la dificultad hace la destreza, y de tan diferentes peculiaridades la oruga se hizo mariposa, una de las que nunca dejará de volar por encima de los demás. Pues alcanzó el estado que la hizo inmune, a todo mal, a toda perfección. Será superior, se considerará normal, y esconderá un ser inferior, que no es capaz de olvidar. Porque si olvidara dejaría de tener la fuente de poder que la hace intocable.
Cansarse de historias rosas es actualidad, escribirlas es tan poco sentimental, que nadie se para a observar si ocultan un sentimiento real. Solo un bolígrafo se da cuenta, lo que realmente esconden las palabras de un autor que sincera un corazón.

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